Gogol Bordello: Algunos le dicen magia...
Todo esto y mucho más tuvo el increíble concierto de Gogol Bordello en Madrid. Brillo, intensidad y baile por los cuatro costados. Algunos le dicen magia.
Eugene Hütz y los suyos expanden su infeccioso groove gitano y rabia punkie como nuevos dioses.

El público (todo el público) recibe esas líneas y las festeja con gritos eufóricos y saltos al unísono del bombo más fiestero de New York. El violín de Sergey Ryabtsev (de impecable camiseta de Slayer) rockea más que mil guitarras distorsionadas, se hermana con el acordeón de Yuri Lemeshev (¡de inverosímil camiseta de Faster Pussycat!) y juntos diagraman el particular sonido de GB sobre la sólida base de power trio de la banda.

Diversión incalculable y canciones perfectas (“Start wearing purple”, “Not a crime”, “Zina Marina”, “Alcohol”, “Wonderlust King”, “American wedding”, etc) para el directo perfecto.
Resumiendo cuentas, vale contar con que el grupo telonero francés La Phaze lo han hecho muy bien. Su jungle-punk de estudio se recrudece violentamente en directo y también hace bailar a lo loco. Cayeron los temas de su último disco Fin de cycle y dejaron a todo el mundo contento y esperando novedades sobre su próximo disco previsto para principios de 2008.
A propósito, entre las dos bandas, se adueño del micro el Sr. Dj Scratchy. Para quienes no lo conozcan este hombre avanzado en edad es ni más ni menos que el que pinchaba en los conciertos de los Clash y los Pogues hace muchos años. Considerado un erudito de la world music, aquí se despachó con una hilarante sesión de algo que sonaba como “cumbia medio-oriental”. Otro lujazo para una noche que recordaremos por muuuuucho tiempo.
El camino desde casa a la sala Caracol es relativamente corto, pero una vez atravesadas las puertas del local y comenzado el concierto de 08001, las distancias geográficas parecen ampliarse significativamente; de manera proporcional, las sensoriales se achican.
Comienzan a caer los impecables temas de Vorágine (2007). Este colectivo artístico formado por personalidades llegadas de infinitos puntos cardinales hace añicos la frase hecha “choque de culturas”. Aquí las culturas no chocan, aquí producen. Las potentes bases en contexto sonoro de dub rock, dejan lucir las sutilezas de las cuerdas (violín, cello y laud) y los innumerables colores vocales se convierten en un delicatessen irresistible.
A esta altura no caben dudas que los músicos que están en el escenario son capaces de mucho, como una especie de dream team de la world music.





